Siempre que el perro lo ve le ladra. me inquieta cada vez que paso por su casa
Penetro la entreabierta puerta sigilosamente, los estantes contienen figuras humanas en extrañas posturas;
el piso comparte un sucio colchón con revistas.
De la que parece cocina proviene un olor a orín de gato con agua estancada.
El, Repentinamente viene a mi, no le extraña mi presencia; la suya, me transtorna.